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Las botas hasta la rodilla vuelven en otoño de 2026 como calzado cómodo, sin tacón de aguja

Redacción de DressWise

Durante las últimas temporadas, el mensaje de la moda ha sido que el zapato plano ganó. Zapatillas, bailarinas, mocasines y merceditas tomaron oficinas y aceras, mientras la bota alta —aquel símbolo estilizado de principios de los años 2010, ceñido a la pantorrilla y ajustado

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Durante las últimas temporadas, el mensaje de la moda ha sido que el zapato plano ganó. Zapatillas, bailarinas, mocasines y merceditas tomaron oficinas y aceras, mientras la bota alta —aquel símbolo estilizado de principios de los años 2010, ceñido a la pantorrilla y ajustado al talón— desaparecía discretamente de la conversación. El otoño de 2026 cambia el panorama. La bota hasta la rodilla vuelve, pero no es la que recuerdas. La caña ajustada, el cuero negro brillante y el fino tacón de aguja han dado paso a botas de montar, ante holgado y tacones bajos y anchos. La bota alta ha regresado como calzado cómodo.

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La señal llega desde varios frentes a la vez. En las pasarelas de otoño/invierno de 2026, Hermès, Proenza Schouler, Tory Burch y Miu Miu mostraron botas de montar y de inspiración ecuestre hasta la rodilla, descritas en las crónicas de tendencias como botas de cuero prácticas y depuradas, más que tacones para llamar la atención. Las selecciones comerciales y editoriales no tardaron en seguirlas: Harper’s Bazaar UK y Glamour situaron las botas de montar y las de ante holgado entre el calzado que define la temporada. Las celebridades reforzaron el cambio en la calle: Selena Gomez llevó botas marrones hasta la rodilla de punta cuadrada con una falda midi de ante en el Festival de Venecia, y Jodie Comer estrenó las botas altas de Givenchy con un vestido camisero blanco. El mensaje es coherente: una bota que cubre la pierna sin luchar contra ella.

La primera expresión de la tendencia es la bota de montar. La definen una suela plana o un tacón bajo y ancho, una punta redonda o almendrada y una caña que sigue la pierna dejando un poco de aire en vez de ceñirla. El marrón lidera la temporada: castaño, coñac, chocolate y caramelo han desplazado al negro como opción por defecto. La versión de Miu Miu, con su suela abombada, remite al archivo de principios de los 2000 sin perder facilidad de uso. La segunda expresión es el ante holgado, que forma pliegues suaves alrededor del tobillo en tonos caramelo y tabaco. Ambas comparten una filosofía: la bota debe seguir la forma de la pierna sin comprimirla y permitir caminar con facilidad. Los acabados llamativos —grabados de cocodrilo y serpiente en Gucci, Dolce & Gabbana y Lanvin, o ante de leopardo— añaden dramatismo sin altura, mientras Toteme, Chanel, Celine y Prada mostraron cuero crema ajustado como opción monocromática más ligera.

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Su importancia para lectores de distintos países se resume en cuánto cuesta una bota y cuánto dura. Las botas están entre las categorías de mayor precio por pieza del armario, de modo que el coste por uso resulta especialmente importante. El giro hacia la comodidad coincide aquí con un argumento práctico. En principio, una bota de cuero bien hecha con suela cosida y sustituible puede recibir una suela nueva y, con el cuidado adecuado, llevarse durante muchos años; una suela pegada más barata se desgasta antes y es más difícil de reparar. La reventa invita a mayor cautela: solo unas pocas piezas de firmas históricas de lujo conservan su valor, mientras que la mayoría de las botas, incluidos muchos modelos clásicos, se deprecian mucho tras usarse. La comodidad y la posibilidad de reparación son razones de compra más seguras que el retorno de reventa. La bota alta también se gana su sitio en distintos climas: conecta la temporada de piernas al aire con la de medias en el tiempo de capas de Londres y Nueva York, funciona con looks más ligeros en el otoño templado del sur de California y sigue siendo útil en oficinas donde el aire acondicionado siempre enfría demasiado.

Para quienes han evitado las botas altas por problemas de ajuste, el cambio es una buena noticia. Las cañas amplias y las siluetas holgadas de esta temporada se adaptan a más tipos de pierna que los tubos de cuero ceñidos de hace una década, y varias marcas ya ofrecen opciones para pantorrillas anchas. Combinarlas es sencillo: la bota de montar encaja bajo una falda midi o sobre vaqueros rectos, y la bota de ante holgada suaviza un vestido de punto o un abrigo largo.

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Habrá que observar cómo llega la tendencia a las semanas de la moda de Londres, Milán y París durante septiembre y si la bota alta se mantiene en primavera de 2027 o sigue siendo una pieza para el frío. La historia más profunda no trata de un solo zapato. Tras años de buscar comodidad a ras de suelo, el otoño de 2026 sugiere que esta también puede subir por la pierna: una bota alta puede ser una compra fácil de llevar, reparable y duradera, en lugar de un capricho caro de una vez por temporada.

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